Sobre mí

Sobre mí

Sobre este sitio

Acá escribo sobre viajes, tecnología y cosas hechas con las manos. No desde la teoría pura, sino desde la experiencia real: rutas que hice, comandos que me salvaron, herramientas que usé, errores que cometí y aprendizajes que me hubiera gustado tener antes de empezar.

La idea es simple: dejar apuntes claros y útiles para que otra persona no arranque de cero ni reniegue tanto.

Si es tu primera vez en el sitio, podés empezar por la página Empieza por acá, donde ordené los temas principales.

Índice

Quién soy

Mi nombre es Ignacio y vivo en Buenos Aires, Argentina: país del tango, el mate, el fútbol y, para qué negarlo, una de las mejores carnes del mundo.

De alguna manera, dos de las grandes pasiones que atraviesan este sitio —viajar y el software libre— nacieron casi al mismo tiempo. En 2007 hice mi primer viaje fuera del país junto a un compañero de trabajo para asistir a Latinoware, un congreso de Software Libre que se realizaba en Brasil.

Ese viaje mezcló varias cosas que después se volvieron parte de mi forma de mirar el mundo: curiosidad, tecnología, comunidad, mapas, rutas, aprendizaje y muchas ganas de probar cosas nuevas.

Con los años, a eso se le sumaron la infraestructura tecnológica y una parte más manual que también me acompaña desde siempre: el gusto por las herramientas, los arreglos de casa y las cosas hechas con las manos.

Por eso este sitio no tiene una sola etiqueta. Es una mezcla bastante fiel de mis intereses: viajes reales, tecnología de todos los días, infraestructura práctica y cosas hechas con las manos.

Cómo empezó todo

Recuerdo que en aquel entonces, en el trabajo, empezamos a implementar los primeros equipos de escritorio con Ubuntu y también usábamos Debian en el único servidor con el que contábamos. El entusiasmo y las ganas de aprender eran enormes.

Asistíamos a charlas y encuentros de la comunidad, donde incluso tuvimos la oportunidad de compartir nuestra experiencia de migración a Software Libre en el sector público nacional.

Como todo era bastante a pulmón, no contábamos con presupuesto para el viaje más que el propio. Así que decidimos irnos en bus y alojarnos en un hostel para ahorrar.

¿Hostel? Hasta ese momento, para mí era algo completamente nuevo y desconocido.

Alojarme una semana en un hostel, convivir con viajeros de distintos países y escuchar sus historias despertó en mí una gran curiosidad por esa forma de viajar. De golpe aparecieron conceptos que hasta entonces me resultaban lejanos o directamente desconocidos: autostop, Hospitality Club, Couchsurfing, backpackers, mochileros y muchas otras formas de moverse por el mundo.

Viajar con mirada propia

A veces se piensa que alguien que viaja solamente con una mochila tiene que hacer todo el camino a dedo, tener la billetera vacía, comer solamente en la calle, dormir donde se pueda y bañarse cuando la situación lo amerite.

Son varios los estereotipos que falsamente pesan sobre los mochileros.

Creo que, más que el equipaje, lo que cuenta es la mirada que se tiene sobre los lugares. Sea mochilero, viajero o turista, lo que me interesa es sumergirme en la cultura de cada país, compartir un modo de vida distinto al mío y escuchar las historias de personas que viven a miles de kilómetros de mi realidad.

Viajar para mí implica comer la misma comida que un local, usar sus medios de transporte, compartir su música, sus festejos y sus formas de habitar la ciudad. Prefiero evitar los grandes hoteles y restaurantes pensados exclusivamente para turistas, donde uno es recibido en inglés antes de poder entender dónde está parado, así como los típicos tours en autobuses con aire acondicionado y recorrido cerrado.

Viajar es aprender a ver más allá de la escenografía montada para el turista. Es intentar vivir un poco como un local, pero observar como un extraño, sin perder el asombro por las cosas nuevas y distintas.

Porque en el fondo la mochila es lo de menos. Bien podría estar cargando una valija, un bolso o simplemente una bolsa. Mi equipaje jamás cambiaría mis vivencias ni mi forma de ver el mundo.

Creo que no podemos alargar la vida, pero viajando podemos ensancharla.

Tecnología e infraestructura

Con la tecnología me pasa algo parecido. Me interesa menos la teoría perfecta y más lo que sucede cuando uno se sienta frente a una terminal, configura un servicio, rompe algo, revisa logs, volver a probar y, después de varios intentos, logra que funcione.

Linux, servidores, Kubernetes, observabilidad o inteligencia artificial son temas que aparecen en este sitio desde ese lugar: la práctica real. No como recetas mágicas, sino como apuntes de camino.

Me gusta documentar lo que voy probando porque muchas veces la diferencia entre avanzar o quedarse trabado está en encontrar una explicación clara, un comando bien anotado o una advertencia que alguien dejó escrita después de haberse peleado antes con el mismo problema.

Taller y cosas hechas con las manos

El gusto por el taller, las herramientas y los arreglos viene de mi papá.

Desde que tengo uso de razón, lo recuerdo como un fanático de las herramientas. En casa rara vez se llamaba a alguien para arreglar algo de plomería, agua, pintura o mantenimiento: él hacía todo.

Yo crecí mirando, ayudando cuando podía y aprendiendo de esa forma práctica de resolver problemas. Fui creciendo cerca de eso: mirando, preguntando, alcanzando herramientas, aprendiendo nombres, entendiendo para qué servía cada cosa y descubriendo que muchas veces uno aprende haciendo.

Por eso para mí el taller no es solamente un lugar físico ni una colección de herramientas. Es una forma de encarar las cosas: observar, probar, medir, ajustar, equivocarse, corregir y volver a intentar.

A veces eso pasa con una terminal abierta frente a un servidor. Otras veces pasa con una llave, un taladro, una lija o un pincel en la mano.

En el fondo, todo forma parte de la misma curiosidad: entender cómo funcionan las cosas, animarse a probar y dejar registro para que la próxima vez sea un poco más fácil.